• 30 septiembre, 2022 3:06 am

Los votos por dinero: motivo para desmoronar un gobierno

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Siempre se nos ha dicho que el lema de trabajar por un salario dignifica el desempeño de un ser humano honesto. ¿En este enrevesado momento político del Zulia será posible aplicarlo a su dirigencia?Quizá encontremos una respuesta fácil al problema implícito líneas arriba. Cada vez que en la calle encontramos a alguien que nos pregunta si los políticos deben o tienen que ser honestos, de nuevo un quizá para responder, quizá en un principio sí.
Creo, la interrogante no ha de ser expresada para inquirir si los políticos tienen que ser honestos, nadie puede ser obligado a hacer algo. Preferiría considerar si deben ser honestos, aunque esto, sin duda, generaría dudas como el que quién determina que pasaría si los políticos fueran deshonestos. En un nivel más alto sería capaz de preguntar, si, de hecho, pueden ser honestos.
Seguramente el 2021 sea recordado en Venezuela y especialmente en el estado Zulia como el año de la transición entre ciclos políticos. De uno de un poco menos de 20 años protagonizado por el PSUV y sus serviles  pasamos a otro en el que estos comparten el rol de primeros actores con los del G4, liderados por Un Nuevo Tiempo, partido político venezolano de centroizquierda, enmarcado dentro de la tendencia de la democracia social,  fundado en 1999 por el hoy, nuevamente gobernador del Zulia, Manuel Rosales.
El resto de la cuarteta la componen Voluntad Popular, Acción Democrática y Primero Justicia. Algunos con posiciones de gobierno de vanguardia otros en la segunda fila. Los cuatro, prácticamente inexistentes tras el despojo de siglas orquestado “judicialmente” por la tiranía gobernante en Venezuela.
Es normal, por tanto, que las comparaciones sobre la honestidad dirigente ocupen espacios en medios de comunicación y conversatorios callejeros.
¿De dónde viene la gente que integra los nuevos gobiernos?
¿Tienen algún plan para acabar con la corrupción?
¿Hasta dónde llega su conocimiento de la realidad del estado y los municipios y hasta qué punto sus propuestas no son simples ocurrencias?
¿Conseguirán que los nuevos militantes, junto a los vetustos, en sus bases de datos, no acaben calcando los mismos vicios de los chavistas-maduristas?
Muchos nos las hacemos pero me centraré en esta última.
Leí un pensamiento atribuido a Séneca que expresa “lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad” También aprecié en mis más de 40 años dentro del periodismo, que la honestidad es el valor más brillante del ser humano, pues lleva consigo la sinceridad y la justicia.
La cualidad más grata que se puede poseer. Es el valor indispensable para que las relaciones se muevan en un clima de confianza y armonía. Es garantía de la credibilidad manifestada mediante la coherencia entre el modo de pensar y el de actuar. El reconocimiento de la sinceridad en palabras y comportamientos enseña la discreción y confidencialidad en la lealtad y fidelidad
A diario nos encontramos con seres deshonestos plenos de hipocresía que para ganarse la estima de los demás vive a diario con mentiras y engaños aparentando una personalidad que no tiene, ni jamás tendrá, porque sabe que lo que posee no es bueno y en lugar de cambiar siembra a su paso discordia entre familiares y amigos con calumnias y difamaciones.
Son ese tipo de personas miserables y sin escrúpulos que juegan con los sentimientos y con sus coerciones emocionales aparentan sentir un apego “envenenado” para implantar su malevolencia y en vez de renegar su conducta van generando invenciones malintencionadas y juzgando con total ligereza. Sin duda que eso es mostrar ser dueño de una personalidad deshonesta, vil y pendenciera.
Un amigo, muy cercano y quien me pidió guardara su nombre me sopló al oído, mientras dibujaba estas líneas que hoy día el honor y la dignidad de las personas no se respetan y son pisoteadas sin pudor ni miramiento. ¡Verdad indisoluble!
Por eso en el manejo de la política la honestidad ha de ser el norte como punto cardinal. Lo contrario es la naciente del descrédito y la falta de confianza, aunque siempre habrá excepciones.
Escribieron del ex presidente estadounidense Harry S. Truman que como primer mandatario de la nación más poderosa del mundo en la tierra, después de Jesucristo, tomó tantas decisiones o más que los 42 presidentes que le antecedieron, pero lo resaltante de su grandeza se enmarcó en lo que hizo al mudarse de la Casa Blanca.
Se retiró de la vida oficial en 1953. A su bolsillo iban a parar 13.507 dólares al año producto de su pensión del Ejército. Cuando Eisenhower tomo posesión de la presidencia, Truman y su mujer se fueron a vivir en su casa en Missouri, sin escoltas del servicio secreto y conduciendo su propio automóvil. La leyenda cuenta que como Presidente se pagaba los gastos de viajes y comidas con su propio dinero.
Al enterarse el Congreso de tan precaria situación le aprobaron un complemente de sueldo de $25,000 anuales y cuando le ofrecían puestos en grandes corporaciones con fabulosos salarios, los rechazaba argumentando “ustedes no me quieren a mí, lo que quieren es a la figura del Presidente y esa no me pertenece. Le pertenece al pueblo norteamericano y esa no está en venta”
Tan singular ejemplar de la clase política dirigente escribió: «Mis vocaciones en la vida siempre fueron ser pianista de un prostíbulo o ser político. Y para decir la verdad, no existe gran diferencia entre las dos». 
Se puede decir que ésta, pudiera ser, la historia de un político honesto, ¿de esos políticos que ya no quedan?
Cobra vigencia el que los políticos de hoy se aferran al despacho y a sus contubernios. Sir George Bernard Shaw, premio Nobel (literatura-1925) dijo sobre los políticos: «Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo y por los mismos motivos».
Por ello es hora de cambiar las políticas de los políticos, porque las sucias políticas infectan a los políticos y lo paga el pueblo.
Ahora bien, la honestidad que se espera encontrar en los políticos no es solamente la que se refiere a luchar contra la corrupción, porque representa el basamento fundamental y si se logra generalizar el avance sería gigante; hay otra maleta llena de vicios que ennegrecen el funcionamiento de las instituciones lógicamente con una gran incidencia en el conjunto de la sociedad.
Para combatirlos necesitamos una clase emergente de políticos que además de competentes sean honestos y que a su vez impulsen nuevas actitudes que contrarresten el optar por no complicarse la vida, limitarse a velar porque todo siga funcionando como siempre y dedicarse a aquellas iniciativas de interés mediático, para su propio interés político, el de su jefe o el de su partido. 
Hay un amplio espectro de temas que tienen que ver con la calidad de nuestra convivencia y, para los cuales, se echa de menos políticos honestos y valientes. 
Algunos discutirán si todo esto entra dentro de lo que debemos entender por honestidad política pero, si consideramos como tal el querer darse cuenta de cómo se deberían hacer las cosas, e intentar hacerlas, estaríamos de acuerdo en que efectivamente forma parte de ese atributo.
¿Y por qué traigo esto a colación tras la llegada, hace seis meses ya, de los nuevos funcionarios de gobierno de otros partidos, por cierto? Es que los otros PSUV y asociados a ese club de empleados públicos sometieron al pueblo a fuerza de triquiñuelas, vejámenes y humillaciones consustanciadas con un aberrante latrocinio que es obligante imprimir una nueva señalización al rumbo de quienes dirigen, desde el Zulia, la opción de cambio que Venezuela necesita.
Dejo estas líneas convencido que este tipo de actitudes marcan la distancia entre la política mediática y electoralista, y la política honesta que realmente necesita este país. No podemos permitir que políticos que vendan su voto en las instancias legislativas constituyan motivo para que un gobierno con visos de cambio se desmorone.

Jairo Villasmil

@jairovillasmil / jairobvillasmil@gmx.com