• 7 octubre, 2022 1:22 am

#Opinion: El arte de gobernar entre el celo y el recelo

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Debo comenzar tratando de aclarar lo que literalmente significa gobernar: Ejercer la dirección, la administración y el control de un Estado, ciudad o colectividad. Mandar con autoridad o regir algo. Utilizo los recursos de la RAE para ello.
Ahora conceptualizamos celo: 1) Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo. 2) Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.3) Envidia del bien ajeno, o recelo de que el propio o pretendido llegue a ser alcanzado por otra persona. 4) En los animales, apetito sexual.
Ahora bien, la otra perla: recelo. 1. Temer, desconfiar o sospechar. 2. Poner el caballo frente a la yegua para incitarla o disponerla a que admita el burro garañón.
Tras cada proceso eleccionario siempre quedan secuelas: inconformismo con actitudes megalómanas y hasta esquizofrénicas con tendencia hacia la paranoia. Quizá, un aditivo alterno pudiera ser calificarlos como disociados.
O, en el peor de los casos, igualmente extraído del ciberespacio, es una alteración de tipo emocional, cognitivo o del comportamiento en que se ven afectados procesos psicológicos básicos tales como la emoción, la motivación, la cognición, la conciencia, la conducta, la percepción y hasta el lenguaje.
Simples mercachifles de la política con manejos dudosos en su paso por escaños municipales en los niveles ejecutivo y legislativo, intentando con su verborrea subvertir la monolítica unidad que ha de imperar en la mesa del cambio; solo porque no han podido deslastrarse de frustraciones propias de mentes laceradas por la ignominia.
Escatófagos carroñeros que pululan en procura de botines mal habidos para saciar sus deseos de prosopopeya. Estúpidos insaciables de megalomanía.
Hoy, en Colón, tierra cuya feracidad proviene del Altísimo, pareciera estarse forjando una clase militante por encima de cualquier circunstancia de cambio. La Unidad y la esperanza están siendo amenazadas por factores introspectivos y de fuera. Los salientes aún no se recuperan del “madrazo” recibido en noviembre anterior y, aprovechando, al igual que años atrás, la inclemencia de la naturaleza con sus desastres; intentan lavar, y no precisamente con agua fluviales, sus nombres enlodados hasta el último de sus apellidos.
Y en los recién llegados algunos enseñan que las fisuras están a escasa distancia de sus pies. Se niegan al naciente liderazgo. Nervins Sarcos, acéptenlo o no, es el alcalde, jefe del gobierno y del partido de mayor ascendencia. Y, con él, figuras emergentes con clara disposición al trabajo colectivo y a la formación dirigente que la calle muestra en el día a día, acompañada de la reglamentación y ordenamiento vigentes.
Se impone la sindéresis como manifestación humana y como elemento socio político. Desde el Zulia se gesta el rumbo de una nueva Venezuela incluyendo a propios y extraños.
Colón está presente con su mayoría electoral que, en momentos, impresiona por su albur circunstancial. Hay necesariedad de echar a un lado al celo y al recelo como expresión pasionaria que solo serviría para configurar un entramado impropio para un colectivo que clama por una mejor calidad de vida, por el recate de la dignidad del ser humano y la institucionalidad en sus organismos de dirección.
Manuel Rosales y Nervins Sarcos son fibra y terrón donde se afianza el cambio. Acojamos voluntades. La unión no acepta fisuras. El malo es malo per se y por ello el alerta impone su presencia acordonando posiciones de vanguardia.
Aquí no hay burro garañón, hay interés extremo por una causa que no es otra sino el bien colectivo y ante ello se impone que el celo sea para ejercer la dirección, la administración y el control de un Estado, ciudad o colectividad. Mandar con autoridad o regir algo y en eso debemos unir esfuerzos alrededor del liderazgo triunfante. Lo demás es contrario a la verdad.

Por Jairo Villasmil